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viernes, 24 de junio de 2016

Existencialismo: amor y libertad en la actualidad




El existencialismo se ocupa de la vida del hombre, de su existencia en este mundo. Muchos autores son parte de esta corriente, pero aquí se abordarán los conceptos de Sartre, Guardini, Frankl y Fromm.

Dos son las virtudes más importantes de toda persona: el amor y la libertad. En cuanto al primero, Fromm manifiesta que hay diferentes tipos de amor: el amor fraternal, el amor materno, el amor erótico, el amor a Dios y el amor a sí mismo. 

*El amor fraternal no es exclusivo a una persona, sino que se manifiesta a todo ser humano, siendo los elementos más relevantes de este amor: el cuidado y protección del otro, el respeto y aceptación de la persona tal como es, la responsabilidad de estar con éste en el momento en que lo necesite y el conocimiento, puesto que para amar hay que conocer al ser amado.

*El amor materno es incondicional, ya que la madre amante es la que acepta la separación progresiva con su hijo y, aun así, lo sigue amando.

*El amor erótico es un acto de voluntad de elección de un compañero para el resto de la vida; no es sólo deseo sexual, sino también un amor fraterno de querer lo mejor para la pareja.

*Amarse a sí mismo, expresa Fromm, no es señal de egoísmo ni tampoco se deja de amar a los demás, sino que el amor a nuestros semejantes y el amor a uno mismo se encuentran relacionados y no pueden separarse. Porque la persona egoísta, además de no amar a los demás, es incapaz de amarse a sí misma.

*Respecto al amor de Dios, está vinculado con el grado de madurez de la persona; se presenta en el hombre como una gracia incondicional y éste se siente como merecedor de buenas acciones.

En la actualidad, el amor se ha desintegrado, con los cambios que se han sucedido, el amor aparece como un fenómeno extraño; es así que surgen nuevas formas de pseudoamor, que contribuyen a que el verdadero amor desaparezca. El amor ha dejado de ser puro, para convertirse en un elemento material que une a las personas por interés o por simple encuentro sexual y no por un sentimiento real. 

También, se suma a estas nuevas experiencias, el amor idolátrico, siendo la idealización del otro fuente de desilusión y considerado por Fromm como un amor inmaduro.

Por el contrario, el amor maduro es aquel que acepta al otro como es y que se encuentran en la base del respeto, la confianza mutua y el deseo de compartir juntos sus vidas.

El amor es un arte, porque requiere de disciplina, constancia, concentración (escucha al otro), paciencia y preocupación. Para lograrlo, es necesario que el sujeto supere su etapa narcisista para que se produzca el encuentro con el otro.

También la libertad es un don y una tarea, que exige disciplina, coraje, fortaleza, sacrificio. La libertad es un bien arduo; si no se la acepta en su totalidad, incluso con sus consecuencias, le puede ser quitada al hombre. La dificultad que se presenta es que el hombre muchas veces no quiere aceptar las consecuencias de ser libre y tomar sus propias decisiones, entonces, delega su capacidad de elección a otras personas, y pierde la libertad completamente, lo cual también manifiesta una clara falta de amor a sí mismo.

Las consecuencias de la libertad son: hacerse responsable de las decisiones tomadas, respondiendo por qué se hicieron tales acciones y hacerse cargo de sus consecuencias; renunciar al pasado, teniendo en cuenta que cada vez que se toma una decisión, tomando un nuevo camino, se deja atrás otra cosa, a la cual se debe renunciar; asumir el riesgo de no saber qué va a pasar en el futuro respecto a esa decisión. Quien no tenga fuerza para renunciar o asumir un desafío, tampoco tendrá fuerza para elegir. 

De múltiples maneras, el hombre huye ante su libertad: cuando cede ante otras personas para no tener que soportar el peso de la responsabilidad; cuando se incluye en grupos para que ellos decidan en su lugar; cuando se encadenan a la rutina para evitar la incertidumbre. De esta manera, el hombre no sólo pierde su libertad, cayendo en la esclavitud, sino que también pierde la posibilidad de amarse a sí mismo.

En esta falta de amor a sí mismo y de libertad, reside la causa de la angustia, que es esencial a la existencia humana. Estas personas carecen de libertad en el querer, de libertad interna, porque no se conocen a sí mismos y no se detienen a pensar qué es lo que realmente quieren para sus vidas, dejándose manejar por los demás.

Al respecto, Sartre piensa que el quietismo es la actitud de la gente que dice: “los demás podrán hacer lo que yo no puedo”, y el existencialismo es totalmente lo opuesto a esto. Los sueños, las esperanzas, las esperas, permiten solamente definir a un hombre negativamente y no positivamente. Porque la espera no es fecunda, no se produce nada esperando, estando quieto, sino que todo lo que queremos sucederá si estamos en acción.

Sartre llama cobardes a las personas que no se atreven. La cobardía es el acto de renunciar o ceder; pero el cobarde siempre tiene la posibilidad de dejar de ser cobarde y convertirse en un héroe. 

Según Guardini, la suprema forma de evasión es el suicidio, y esto se considera un acto de cobardía para este autor, porque la verdadera valentía es aceptar que la persona está en este mundo porque allí lo puso Dios y que es Él quien debe apartarlo de la vida. También es valentía respetarse a uno mismo. Y, como expresa Fromm, amarse a uno mismo y amar a Dios. Según Guardini, Dios es real y necesario, está lleno de sentido y no necesita ninguna explicación, tiene su propio poder. Ese Dios es el creador y la causa de todo.

Guardini expresa que existe actualmente una rebelión: las personas no quieren aceptar ser ellas mismas, aceptar como son, existe la sensación que no vale la pena ser uno mismo, porque es aburrido, lo cual genera hastío. La persona, para ser libre, debe aceptarse como es, con claridad, valentía y fe, lo cual significa comprender que el paso por esta vida tiene un límite, un final, por eso se debe disfrutar de la vida que se tiene en el presente, antes de perderla. 

El sujeto que teme a su propia interioridad, que vive volcado exclusivamente hacia lo externo por miedo al encuentro consigo mismo, no podrá mantener ni fortalecer la verdadera libertad, ya que ésta se encuentra precisamente en esa interioridad de la cual huye. Si no habita en su interior, entonces no puede ser dueño de sí mismo, porque no está parado sobre sus propios pies y su posición es demasiado débil, facilitando la manipulación externa. La moda, la opinión ajena, la publicidad, las ideologías, le serán impuestas sin obstáculos, dado que él mismo no cuida su espacio interno y corre el riesgo de que otros se adueñen de él.

Frankl habla de una capacidad de autodeterminación, propiamente humana y fundamento de su dignidad personal; el hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física. Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.

Esta capacidad de autodeterminación es la mencionada por Sartre, al expresar que el primer principio del existencialismo es que el hombre no es otra cosa que lo que él se hace (subjetividad), es responsable de lo que es. El subjetivismo es la elección del sujeto individual por sí mismo, dándole valor a lo que hace. 

Sostiene Sartre que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo, no ha elegido venir al mundo, y libre porque es responsable de todo lo que hace. 

Al respecto, Guardini sostiene que el yo es un principio que el individuo no eligió, pero que debe hacerse cargo de sí mismo (“Soy para mí lo absolutamente dado”). 

Al mismo tiempo, el sujeto tiene un deber: querer ser él mismo, asumir la tarea que le fue propuesta en este mundo (vocación, oficio). Tampoco puede evadir lo malo que hay en sí mismo (malas predisposiciones, costumbres, culpa), debe aceptarlo y hacerle frente.

En la actualidad, sostiene Sartre, se da mucho la angustia sin un motivo determinado. Según la filosofía, es por la autopercepción de ser finito. Pero la causa de la angustia es en realidad cuando el hombre quiso ser infinito, perdiendo la conexión con su origen. La negación de Dios en la época actual llegó a crear el vacío amenazador, la nada, el hastío y la angustia.

Sólo desde la aceptación de sí mismo, responde Guardini, el hombre será libre y podrá encontrar su futuro. Pero crecer como hombre no significa querer salirse de sí mismo, sino aceptarse y arrepentirse de los malos actos, que es una de las más poderosas formas de libertad. Y, por sobre todo, amarse a sí mismo para poder amar a los demás.

Bibliografía
Fromm, Erich. (1980). El arte de amar. Barcelona: Paidós.
Guardini, Romano. (1986). La aceptación de sí mismo. Las edades de la vida. Buenos Aires: Clavería.
Sartre, Jean Paul. (1999). El existencialismo es un humanismo. Buenos Aires: Edhasa.



Jimena

viernes, 22 de enero de 2016

¿Qué es la felicidad?


¿Alguna vez te has preguntado qué es la felicidad? Algunos sostienen que la felicidad es un ideal difícil de alcanzar, mientras que otros afirman que se encuentra en lo cotidiano.

Para introducirme en este tema, voy a plantear los conceptos fundamentales de la felicidad en la Filosofía. 



Edad Antigua

*Sócrates:

Sostiene que la verdadera felicidad consiste en hacer el bien, lo cual está relacionado con la virtud, con los valores éticos, que no tienen que ver con la fama, la belleza, el poder o la riqueza, sino con los valores del alma.

La felicidad es darnos cuenta de nuestra ignorancia, para poder alcanzar nuevos conocimientos acerca de la realidad. El ignorante sólo busca placer y poder, sentirse importante, pero esto conduce a la infelicidad. Se es feliz sin ignorancia, sin miedo, sin deseo, sin apego, sin sufrimiento.

*Platón:

Al igual que Sócrates, considera que la felicidad se encuentra en la virtud. Las virtudes más importantes para Platón son: la justicia y la templanza (equilibrio ante los placeres y dominio de los instintos). La virtud es la capacidad del alma para cumplir con su deber, es decir, que el hombre es feliz cuando hace el bien y cuando hace las cosas de la mejor manera posible.

*Aristóteles:

Considera que la felicidad es el bien supremo del hombre. Alcanzamos la felicidad cuando hacemos lo que es propio de nosotros, lo que amamos hacer y lo hacemos perfecto.

Aristóteles le da más importancia al alma que al cuerpo, por lo cual, la felicidad pasa por las capacidades racionales o intelectivas (entendimiento, voluntad, virtud). En cuanto a las virtudes, Aristóteles destaca la prudencia. También acepta que para ser feliz es necesaria una cantidad moderada de bienes exteriores y afectos humanos.

Por último, expresa que la felicidad es el fin último. Toda la vida estamos queriendo alcanzar metas, a través de medios que nos sirvan para tal fin. Pero el fin último, lo más supremo, es la Felicidad, de la misma forma que para Sócrates es el Bien y para Platón, la Verdad.

Filosofía Helenística

*Epicuro:

Considera que la felicidad se reduce al placer y la ausencia de dolor. Por lo cual, hay que elegir siempre aquellas acciones que nos aporten el mayor placer y el más duradero.

La felicidad consiste en alcanzar la ataraxia (tranquilidad, serenidad), lo cual se logra disminuyendo la intensidad de las pasiones y deseos y siendo fuerte ante la adversidad.

Tanto Aristóteles como Epicuro hablan de la necesidad de la prudencia para ser feliz, pero por prudencia no entienden exactamente lo mismo. Aristóteles cree que la prudencia es una especie de inteligencia práctica, que consiste en la capacidad de pensar antes de actuar. Mientras que Epicuro expresa que la prudencia es el hacerse cargo de las consecuencias de cada acción.

*Estoicos:

La felicidad, para ellos, consistía en la paz y la tranquilidad del alma (ataraxia). Pero, en contraposición con los epicuros, la ataraxia no consistía en la búsqueda del placer y la ausencia de dolor, ya que eso no siempre depende de nosotros.

Para los estoicos, el camino que llevaba a la ataraxia era la independencia y desapego ante los bienes del mundo exterior, porque no depende de nosotros controlar las pasiones.

Mientras que Aristóteles entiende como virtud aquellas cualidades del carácter que pueden aprenderse mediante el ejercicio; para los estoicos, la virtud consistía fundamentalmente en aceptar de buena manera el destino.

Edad Media

*San Agustín:

Considera que no puede llamarse feliz el que no tiene lo que ama, porque el que desea lo que no puede conseguir, vive en un tormento; ni el que tiene lo que ama, si no es deseable, porque se está engañando; ni el que no ama lo que tiene, aun cuando sea lo mejor. Por el contrario, sostiene que la vida es feliz cuando se posee y se ama lo que es mejor para el hombre.

La felicidad está en la perfección del alma, es el acercamiento a Dios, la sabiduría, el conocer y poseer la verdad. Por lo tanto, la felicidad es eterna, porque el que se acerca a Dios, nunca estará solo.

*Santo Tomás:

Considera que la felicidad es un bien que todos quieren alcanzar, y se logra mediante los actos éticos humanos, donde intervienen la razón y la libre voluntad.

Al igual que Aristóteles, le da mucha importancia al alma, pero también señala que hay que cuidar al cuerpo, porque es el vehículo del alma.

Edad Moderna

*Descartes:

Señala 4 maneras de llegar a la felicidad:

1) Conformismo y moderación ante las leyes (al igual que Santo Tomás).

2) Firmeza ante las decisiones.

3) Capacidad de cambio.

4) Progresar en el conocimiento.

*Hume:

Al igual que Aristóteles, considera que el bien es la felicidad, algo colectivo, es decir, que para poder conseguir una felicidad individual, se debe conseguir la felicidad colectiva.

Hume sostiene, además, que no existe lo innato, entonces, todo se adquiere con la práctica, lo cual, también coincide con Aristóteles, quien afirma que la felicidad se adquiere con el ejercicio de las habilidades propias del ser humano.

*Kant:

Kant considera que la felicidad forma parte integrante del sumo bien, el cual es para el hombre la síntesis de virtud y felicidad. Pero el sumo bien no es realizable como tal en el mundo natural, porque nada garantiza en este mundo la perfecta proporción entre moralidad y felicidad o porque nada garantiza la satisfacción plena de todos los deseos y tendencias del ser racional en que la felicidad consiste. En el mundo natural, por lo tanto, Kant declara imposible la felicidad y la remite a un mundo inteligible que es “el reino de la gracia”.

*Hegel:

Sostiene que la felicidad es el ideal de un estado o condición inalcanzable, reducida al concepto de satisfacción absoluta y total. Al igual que Kant, la considera imposible de alcanzar.

*Locke:

Locke dice que la felicidad es el más grande placer que seamos capaces de alcanzar; y la desgracia, el dolor mayor. Hay un grado mínimo de felicidad, que es ese estado en que, libres de todo dolor, se goza de un placer presente, conformándonos con lo que tenemos.

*Leibniz:

Sostiene que la felicidad es un placer duradero, lo que no podría suceder sin un progreso continuo hacia nuevos placeres.

Edad Contemporánea

*Russell:

Es uno de los pocos que en la edad contemporánea defiende la noción de felicidad. Considera una condición indispensable para alcanzar la felicidad: la multiplicidad de los intereses, de las relaciones del hombre con las cosas y con los otros hombres y, por lo tanto, la eliminación del egocentrismo, del enclaustramiento en sí mismos y en las propias pasiones. Se trata de una condición que coloca a la felicidad al lado opuesto de aquella autosuficiencia del sabio, que los antiguos (Sócrates, Platón, Aristóteles y los filósofos helenísticos) habían destacado más.

*Nietzsche:

Diferencia dos clases de felicidad: a) la felicidad a la que aspiran los mediocres (vida cómoda y placentera); b) la vida en la que hay que enfrentarse a retos, a través del aumento de la fuerza vital. Existe, para Nietzsche, la llamada voluntad de poder, que es esa fuerza que nos da la vida y que nos ata a ella y hace de la vida algo atractivo, interesante, aún a pesar del dolor y el sufrimiento inevitables.

En contraposición con los filósofos antiguos, Nietzsche considera que no hay que aspirar al descanso y a la tranquilidad ni a la indiferencia contra el mundo; sostiene que los dolores y el sufrimiento no pueden evitarse. En cambio, la felicidad para Nietzsche, consiste en el placer asociado al aumento de la fuerza vital, que la persona experimenta cuando lucha contra el mundo, por llegar a ser uno mismo, cuando se atreve a enfrentarse con obstáculos o cuando supera la adversidad y el dolor, cuando es capaz de intentar y de crear nuevas maneras de ser, modos originales de vivir y de ver las cosas, diferentes a las de la mayoría.

*Sartre:

Sostiene que la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace. Destaca la importancia de estar a gusto con lo que tenemos, con lo que hacemos, con lo que podemos ser.

No hay que desear tanto lo complicado o lo imposible, sino contentarse con lo que tenemos, eso es la felicidad para Sartre.

Este post ha sido dedicado a la filosofía; en el siguiente, reflexionaré sobre la felicidad desde una óptica más personal y les recomendaré películas para ver en base al tema. 

Jimena